El mundo del vino


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Sobre el maridaje especialmente con vino se ha dicho y escrito mucho, siendo considerado por muchos como una ciencia.

Podemos maridar casi cualquier plato con el gran elenco de vinos que tenemos en el mercado, desde espumosos hasta vinos dulces y generosos pasando por vinos blancos, rosados y tintos: las estrellas en esto de combinar vino y gastronomía.

Tenemos que tener en cuenta una cosa y es que cada plato es diferente y dentro de un mismo tipo de vino, teniendo en cuenta la variedad de uva, el elaborador o la región, se abre un gran abanico de posibilidades.

Este artículo pretende facilitarte la tarea con 10 sencillas pautas en función del tipo de vino. Al fin y al cabo, acabarás maridando vinos en función de tus gustos y tus experiencias, por eso ¡El secreto está en probar, probar y probar!

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-Espumosos: suele ser el que más cabida admite. Si tienen buena frescura, acidez y carbónico, son de gran ayuda en las comidas grasas. A mí me chiflan con el sushi.

-Vinos blancos jóvenes, ligeros y frescos: cualquier entrante o aperitivo suave como verduras crudas o ensaladas ligeras.

-Vinos blancos frutales y aromáticos: pescados blancos, marisco, quesos ligeros como el fresco, ensaladas consistentes o sushi.

-Vinos blancos con crianza: arroces, pescados azules, carnes blancas, quesos curados o semicurados, verduras asadas ahumados.

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– Vinos rosados: verduras, pasta, arroces, quesos suaves, derivados del huevo o fruta.

– Vinos tintos jóvenes: carnes blancas, carnes rojas ligeras, charcutería, hongos, pescado azul y quesos semicurados.

– Vinos tintos de media crianza (5-15 meses): carnes a la brasa, carnes rojas, charcutería y quesos curados.

– Vinos tintos de crianza larga (más de 15 meses): platos fuertes como carne de caza, guisos, cocidos, etc. Sorprendentemente    van genial con el chocolate puro por la suavidad que da la barrica, unido al amargo-dulce del cacao puro.

– Vinos generosos: aperitivos, fritos, mariscos y ahumados.

– Vinos dulces: cualquier tipo de postre, pero si es de frutas o frutos secos, mejor que mejor. También con el foie.

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 En cuanto a combinaciones generales de sabores, nada mejor que basarnos en los sabores principales (amargo, graso, ácido, picante, dulce y salado) y sus posibles combinaciones:

-  Lo ácido necesita acidez:  los ácidos son un tipo de sabores que tienden a complementarse,  incluso calmarse  permitiendo que      otros sabores destaquen sin generar sensación de pesadez.

Lo graso necesita acidez: porque la acidez equilibra los sabores grasos eliminando pesadez y limpiando la boca, y a su vez lo  graso suaviza los ácidos. Si además de acidez incluye carbónico como los vinos espumosos, la sensación se multiplica.

El picante necesita dulce: imagínate un plato picante con un vino muy tánico ¡imposible!. Prueba la comida India con un vino de  corte dulce como un Riesling y verás.

– Lo dulce va con lo salado: en muchas ocasiones se marida por contrastes y este es el contraste por excelencia.

– Lo amargo quiere dulce: ante sabores predominantemente amargos, el dulce ayuda a aliviar estas sensaciones. Se equilibran.

Por último, una pregunta que os haréis muchos es: “¿Qué va antes la comida o el vino?”.  Personalmente en función de lo que vaya a comer, elijo el vino, que siempre es más fácil ir a comprarlo. Pero perfectamente puede hacerse a la inversa si se tiene una gran debilidad por algún vino.

Recuerda, la mejor opción es siempre el gusto de cada uno basado en la experiencia.

 

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